
Hoy conquisté las tierras, hasta un poco más allá del río, él será mi horizonte y ampliaré los cercos de mi casa hasta su orilla.
Hoy no blandiré la espada, cabalgaré con rumbo fijo a las montañas, y allá lejos subiré a los aires fríos y cortaré con mi voz la roca dura. Traeré las almas de la Tierra y levantaré el polvo de mi patio, las aguas claras y frías empujarán mi espalda y allí, en el medio de mi vida construiré mi Pirámide.
No habrá quien olvide que por aquí ha pasado, pues a lo lejos por el río verán su semblante.
Y no temeré a las arenas del tiempo, pues acorraladas estarán por el vaivén de mi puerta.
Y ella se levantará a lo lejos, ahí encima de todos mis dolores, cuando ya no quiera no estar solo. Y guiará mis pasos con el filo de su sombra. Sus paredes llevaré en mis hombros machacados, y nadie hasta más allá del río osará detenerme.
El frío calmará mi aliento, lo hará más lento y pesado, el sol querrá invadir mis ojos, y el sueño del pasado tentar mi mente.
Más no temeré mal alguno, inferior a lo que Yo me he causado. Después de beber en mis aguas no veré más mis pecados. Levantaré tus cimas y eximiré mis culpas, y valdrá la pena el dolor pasado, y cuando no quede mas que cansancio y la nada, contemplaré el desierto y dormiré en mi Pirámide.

